Hermandad de la Esperanza

HERMANDAD SACRAMENTAL Y COFRADÍA DE NAZARENOS DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA ESPERANZA, NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS, SAN JUAN EVANGELISTA Y SANTA MARÍA MAGDALENA - ARAHAL (SEVILLA)

Sede Canónica: Parroquia de Santa María Magadalena

Breve historia

Identificar con cierto peso objetivo cuáles fueron los orígenes de la Hermandad de la Esperanza, y especialmente ubicar temporal o históricamente sus inicios con precisión cronológica, es una tarea que bien gustaría resolver a cualquiera. Conocidas son también, y por otro lado, las doctrinas que defienden la génesis de nuestras Cofradías incluso muy a principios del siglo XIV, y sus atisbos, aún más anteriores si cabe.

José Francisco Gago, autor del libro "Apuntes para una historia de la Hermandad de la Esperanza de Arahal", trabajo de recopilación y documentación de la historia de nuestra Hermandad publicado en 1.998 recoge en las páginas de la citada obra la existencia de un escrito del Palacio Arzobispal (1.678) en el que se decide sobre los lugares que deben ocupar las Cofradías de Arahal en las procesiones oficiales y funciones públicas, aludiéndose de entre ellas a la Hermandad de los Treinta y Tres Hermanos, denominación popular que se atribuyó nuestra Hermandad principalmente durante el S. XVII y XVIII, a efectos de "numerus clausus" a la hora de regular los nuevos ingresos de hermanos en ella.

Pero volviendo a ese documento, fechado, como decimos, en el año 1.678, y en el que Palacio se pronuncia acerca del pleito que mantenían por esas fechas "las Cofradías de San Juan Evangelista, los treinta y tres hermanos, San Antonio, Tránsito (...)" con la "Cofradía de Nuestra Señora de la ¿Luz o Salud? (...)", podemos observar, leyendo detenidamente, diversos hechos curiosos, al menos, así lo parecen en principio:

1º) Que el Arzobispado advierte la existencia de una supuesta Hermandad con el título principal de San Juan Evangelista, -imagen que es titular hoy día de la Hermandad de la Esperanza-, y ¿otra de los Treinta y Tres Hermanos?.

2º) Que, y este es el factor más interesante, en 1.678, nuestra Hermandad entraba en litigio en defensa de los derechos que le otorgaba su posible antigüedad con otras Hermandades de Arahal, lo que, como bien afirmaba en su libro el citado José Francisco Gago, no es descabellado afirmar que la Esperanza, vulgo la Hermandad de los Treinta y Tres Hermanos, procede del primer tercio del S. XVII, algo que ya todos admitíamos y conocíamos desde hace tiempo, por lo que no venimos a descubrir nada nuevo ahora.

Sin embargo, podemos pensar igualmente que la denominación de la Hermandad de San Juan Evangelista en el escrito del Arzobispado de 1.678, debía referirse a la misma de la de los Treinta y Tres Hermanos, puesto que cinco años más tarde (1.683), el visitador del Arzobispado no cita a la Hermandad de San Juan Evangelista en la nómina que enumeraba las existentes en la localidad. Listado de Hermandades que distinguía a la de los Treinta y Tres Hermanos, y otra Cofradía nominada como "la del Santo Cristo Crucificado". Relevante es, en este sentido, el conocer que a finales del XVII, en Arahal existiesen, dos Hermandades profesaban su devoción a supuestos crucificados. 

Descripción Artística de los Titulares

Santísimo Cristo de la Esperanza. En 1946 la junta de gobierno de la Hermandad decide encargar una nueva imagen que sustituya a la que hasta ese momento era la titular de la Corporación y tallada por Enrique Orce. El artista elegido fue el alcalareño Manuel Pineda Calderón, que había realizado la Virgen de las Angustias y San Juan Evangelista, titulares también de la Hermandad.

Pineda Calderón fue uno de esos artistas extraños, bohemios, capaces de traicionar sus convicciones artísticas, por simple supervivencia, y, en momentos de inspiración, crear obras de muy reconocible mérito. La Esperanza tuvo suerte y, asesorados por el buen olfato de Antonio Camacho Bernabéu, aprovechó el excelente momento en que se encontraba el escultor, y hoy es propietaria de una notable obra de arte, que está entro lo mejor –quizás el mejor crucificado- que salió de la gubia del alcalareño.

Es indudable que el artista bebió en la obra montañesina y mesina, y la influencia del Cristo de la Buena Muerte, de la hermandad universitaria de Sevilla, se ve reflejada con total claridad. Al sudario, cordífero, aunque inspirado en el Cristo mencionado, le da más vuelo y valentía, "lo barroquiza más". En resumen, siguió un modelo básico en la tradición imaginera procesional, pero supo individualizar la obra y dotarla de ciertas dosis de personalidad creativa.

El simulacro está tallado en madera de cedro y la cruz es arbórea, al gusto barroco. Iconográficamente se representa a Dios-hombre, muerto recientemente, la cabeza, sobre el lado derecho, pendiendo un mechón lateral, destrozado físicamente, tras la flagelación, coronación de espinas (las sienes no presentan la corona), la Calle de la Amargura… En la plenitud de sus treinta y pocos años, resistió más de lo esperado. Antes de expirar, padeció estertores y convulsiones. En su caso, la muerte era descanso, y esa es la expresión que se desprende de su conjunto: serenidad, poesía y esperanza en la resurrección. En toda la anotomía, Pineda se lució con la gubia y pocos peros se le pueden poner al tratamiento de la plástica tanatológica, toda ella presidida por una moderación y elegancia de líneas encomiable. Músculos, sudario y, especialmente, la cabeza: ojos, boca y cabellera, acrecimientan su valoración neobarroca. Los brazos denotan un excelente dibujo, tanto en músculos como en vasos. Las piernas, suavemente flexionadas, descansan sobre los pies, que montan uno sobre el otro, ya presos de la gangrena, y son de un realismo estremecedor. 

Nuestra Señora de las Angustias. En 1938, la señorita Luisa Medel Arias de Reina ofreció una imagen de la Virgen, costeada por ella. El encargo fue hecho a Manuel Pineda Calderón el cual entrega la imagen en 1941, poniéndose en marcha un gran esfuerzo por parte de la Hermandad para adquirir el manto y demás efectos, puesto que los antiguos, fueron consumidos por el fuego en los aciagos días tantas veces repetidos.

La Virgen es una dolorosa clásica, de rostro adolescente, de tez más pálida de lo que en el escultor era habitual, Es imagen de candelero, o de armadura, como gustaba decir a los escultores antiguos, y, al poco tiempo de su entrega, fue reformada en la parte de las cejas, por el mismo autor, a instancias de Antonio Camacho. Sobre el rostro discurren cuatro lágrimas de cristal, dos en cada mejilla. Las pestañas fueron rehechas por el hermano Luis Fernando Camacho Cintado, según la técnica de los escultores sevillanos. La cabeza está inclinada, casi imperceptiblemente, hacia el lado derecho, mientras la mirada se dirige hacia abajo, al encuentro con los fieles. La nariz es recta, y la boca, entreabierta, presenta un inicio de quejido. La expresión es de tristeza, pero , a la vez que no se excluye la sensación de pena, el rostro encarna serenidad, dulzura y resignación. Este término medio, a pocos pasos de la plenitud del dolor, lo consiguió espléndidamente el imaginero. Las manos están abiertas, con los dedos ligeramente flexionados. En la derecha sostiene un delicado manípulo. La cabellera es de talla, como la tienen todas las imágenes modernas, y se toca con una muy primorosa corona de plata sobredorada, que representa la realeza de la Madre de Dios, de estilo neobarroco, con imperiales y ráfaga orlada de estrellas. 

  

Música:

Cristo: Agrupación Musical Santa María Magdalena de Arahal.

Palio: Banda Sinfónica Municipal de San Fernando.

Enlace Webwww.hermandadesperanzaarahal.es/